Con mi mano derecha

lunes, febrero 20, 2006

Mensajitos

15:00 horas. Llego a casa después de una dura mañana de clase. Llego a las tres porque he llevado el coche, cosa que normalmente no sucede y aparezco a comer sobre las cuatro. Con un poco de suerte hasta me da tiempo a una siestecita de media hora. Estoy cansado y hambriento. Creo que gracias al hambre aguanto en pie, pues dicen que el sueño y el hambre nunca se dan al mismo tiempo. Cosas de las neuronas digo yo… El caso es que si tuviese sueño podría desplomarme en cualquier momento, ya que apenas había dormido cuatro horas la noche anterior. Pero bueno eso es otra historia que no nos acontece ahora. Bajo del coche y llamo al timbre. Me abre mi hermano y según voy a entrar me dice: “Tú, bájame a la estación” (cojonudo, pienso, mi supersiesta se va a reducir a 15 minutos).

A la vuelta de RENFE decido pasar por el bar a por un bote de Cocoacola para tomármelo comiendo y de paso ingerir algo de cafeína. Cuando entro por la puerta saludo y sin mirar a nadie voy directo al almacén, abro la cámara y cojo un par de latas bien frías. Luego me dirijo a la barra, saludo al jefe y le digo a lo que he venido. De pronto por el rabillo del ojo veo una silueta que se alza y me golpea la espalda.
- Hombre Mariano!!! Que passssssssaaaa tiooooo!! Contigo quería yo hablar.
- Buenas Gustavo –digo-. Me voy que tengo que comer.
- Ah vale vale. Bueno luego vengo a verte.
- Hasta luego.
Me voy pensando en la tarde que me espera y en si tendré manchada la cazadora… (prefiero no pensar lo que toca ese con las manos).

Termino de comer a las cuatro y cuarto. Mira al final me queda media horita de siesta. Pongo el despertador a las cinco menos diez y me tumbo en la cama. Cuando suena estoy peor que cuando lo puse. Me levanto medio atontado mientras me arrepiento de haberme dormido. Estos cortos espacios de sueño no pueden ser buenos para la salud.

Cuando llego al bar observo con los ojos hinchados el panorama. Unos cuantos clientes de buena fe, un borracho y Gustavo. Saludo y todos me contestan. El borracho se gira y veo que es un antiguo cliente, hacía tiempo que no le veía.
- Que pasa Mariano!!! Valla horas de hacer el relevo!!! –dice.
Le miro seriamente y el gañan me sonríe. Muevo la cabeza afirmativamente con un gesto de desdén y me voy al almacén a dejar la cazadora. Cuando entro en la barra el jefe me saluda y me dice en voz baja:
- ¿Sabes que he tenido movida esta mañana? Ha estado el Q y casi le sacude al Gustavo.
- ¿Y eso?
- Pues porque el Gustavo dice que le debe dinero, de tres décimos que le cambió en Navidad. Y el otro dice que se los regaló. Y ahora el Gustavo no para de mandarle mensajes al móvil llamándole ladrón y cornudo. El otro día a las tres y las cuatro de la mañana le mandó mensajes a su mujer diciéndole que Q estaba por ahí de putas.
- ¿Si?
- Ya ves, hoy cuando ha entrado el Q y le ha visto le ha dicho ven maricona que tengo que hablar contigo. Y se ha ido a por él, le ha cogido del pescuezo y le ha dicho: “como me vuelvas a mandar un mensaje más te mato”.
- Jooooder…
- Si se me ha metido aquí en la barra huyendo del otro. Le he dicho que se salga que aquí no podía estar y no quería. Hasta que le dicho a Q que se calmase. Luego me ha pedido perdón por montar el jaleo.
- Joder que le saque a la calle y haga lo que quiera –digo.
- Ahora me ha estado contando todo el Gustavo. Yo ya le he dicho “no se si será verdad que te debe o no te debe dinero pero olvídate y no le mandes más mensajes porque te va a matar”.
- Y ya ves que si lo mata –digo- si es que el Gustavo está subnormal.

Finalmente me quedo al cargo, con Gustavo y otro cliente, y el jefe se va. Gustavo me pregunta que si le he copiado unas películas que me pidió en noviembre. Le digo que no, que no he tenido tiempo. Luego empieza a contarme por encima lo que le había pasado (su versión claro, lo de los mensajes ni lo nombra). Para variar no vocaliza muy bien y, a causa del alcohol imagino, no es capad de acabar las frases. En un momento dado llega a decirme: “que te iba a decir, que ha venido Q y no se que no se cuantos que me ha amenazado”. Yo le miro fijamente, aparentando mostrar toda la atención del mundo y a punto de reírme. En esto le suena el móvil, a la vez que entran un par de chavales, piden dos cafés y se ponen a jugar a la máquina tragaperras.
- ¿Si? –dice Gustavo, en un elevado tono de voz.
Todos le miramos. Y tras un momento de silencio dejamos de prestarle atención.
- NO NO NO NO!!! –dice gritando, le miro y me mira haciendo aspavientos con la mano, como si fuese algo muy importante y quisiera dármelo a entender.
- Tú no te metas!!! Tú no eres quién para darme órdenes!!!!!! Que ahora no estoy de servicio!!! Ah si? Y que vas ha hacer!!! Oye! Oye!!! Oye?! –grita y los clientes le miran como a un majara (vamos, como lo que es).
Guarda el teléfono y me dice:
- ¿Sabes quién era?
(Como coño lo voy a saber…) Me quedo mirándole, esperando a que me lo diga pero al parecer está esperando a que yo pregunte – ¿quién?- Y tras un incómodo silencio digo.
- No.
- Era mi superior! Mi jefe del trabajo! Amenazándome con que no mande mensajes al que tu ya sabes!
Seguidamente coge el teléfono otra vez y se pone a llamar a alguien. Por la conversación tiene pinta de ser un ¿amigo? Suyo. Pero cuando le dice el nombre del que le ha llamado, el B, llego a la conclusión de que seguramente sea un compañero del trabajo. Tras un largo rato hablando con él y contándole toda la historia cuelga el teléfono y retoma la conversación conmigo.
- Pues mañana me voy al médico. A que me de la baja. Vamos yo a trabajar no voy. Si, para que me expediente. No se lo cree ni él. Ya hablaré con el director, pero a ver ese que se cree.
- Pero que tiene que ver tu jefe en todo esto? –le digo.
- Pues nada, el Q le ha llamado seguro y le habrá dicho que me amenace para que le deje en paz y que no le mande más mensajes.
- Encima el B, que es el peor de todos los supervisores que tengo.

Después de unos 10 minutos en silencio y con la vista perdida como pensativo mirando hacia la calle veo que se sobresalta y su color de piel empieza a palidecer.
- Ya vienen, los que me han amenazado!! Vienen para acá! Ya veras… -dice esto mientras le tiemblan los labios y con la piel totalmete blanca.
Los otros tres clientes del bar miran hacia la calle, como pensando “valla, si decía la verdad, que no está loco”.
- Mariano, voy al baño, dile que estoy en el baño que ahora salgo –me dice mientras pienso (joder si que se está cagando, si).
Pero según va hacia el servicio entra por la puerta el B, con una actitud un tanto agresiva, y dice.
- Eh! Eh! Eh! Ven aquí.
- Un momento, un momento! Voy al servicio –contesta Gustavo.
- Que vengas aquí te he dicho!!
Todos observábamos la escena con atención y B al darse cuenta dice.
- Bueno venga ves ves!!
- No no, es igual, a ver, a que has venido –dice Gustavo
- Que vallas!
Finalmente Gustavo se mete en el baño y B se acerca a la barra y me mira seriamente.
- Que esta pasando aquí –me dice, como pidiendome explicaciones.
- Ah, no se, dímelo tú –le contesto.
- ¿Usted sabe quién soy yo?
- No –digo, y en verdad, no le había visto en mi vida.
- Yo soy el jefe de ese señor que esta en el servicio. Bueno de ese señor, de ese loco.
Él desvía su mirada y observa el bar. Yo me quedo en el sitio mirándole fijamente y tras unos instantes me vuelve a mirar.
- Ah perdona. Ponme un poleo por favor.
Voy a la cafetera y según se lo pongo sale Gustavo del baño. Y comienza la disputa.
- Solo te lo voy a decir una vez. No vuelvas a mandar más mensajes! –dice B.
- Usted no es quién para decirme nada. Que yo estoy en mi tiempo libre, que no estamos en el trabajo. Bueno usted no, tú! Que ahora no tengo porque llamarle de usted. Tú no eres quien para decirme nada.
- Tú a mi me llamas de usted aquí, en el trabajo y donde sea –contesta B- pero que se cree. Deje de molestar a la gente o va a tener problemas!
- ¿Me estás amenazando? –dice Gustavo, quién todavía seguía blanco.
- ¿Cómo que si te estoy amenazando? Te estoy diciendo que no vuelvas a mandar un mensaje más! Pero a usted que le pasa! Está usted mal de la cabeza, vallase a su casa con el mono.
- ¿Con qué? –pregunta Gustavo.
- Con el mono que tiene, o la mona o lo que…
- O con su hija bonita –dice Gustavo cortándole.
- ¿Qué has dicho?
Ahora el que se estaba empezando a poner blanco era B y ninguno de los que allí estábamos dábamos crédito a lo que estábamos oyendo.
- Eh… que la barra es bonita –dice Gustavo (y os juro que dice eso).
- Que qué has dicho!!!?? –pregunta B como si no hubiera oído la respuesta de Gustavo al mismo tiempo que levanta el brazo con el puño cerrado y temblándole de la fuerza.
Gustavo no dice nada.
- Quítate las gafas –le dice B- quítate las gafas.
En ese momento salgo de la barra hacia él y los demás clientes se acercan también para sujetarle. Le digo que se calme, que si se va a poner así que se valla a la calle. Después de unos momentos baja el puño y me dice vale. Me pide perdón y me meto en la barra de nuevo.
- Ya nos veremos –le dice B a Gustavo.
- Sí, como que se piensa que voy a ir a trabajar, para que me expediente. Lo lleva claro –le contesta Gustavo.
- Usted sabrá lo que hace. Pero no se lo digo mas veces. NO VUELVA A MANDAR MENSAJES!!
- Pero a ver, ¿a quién he mandado yo mensajes? Dígamelo, a quién.
- Cómo que a quién.
- Si, a quien mando yo mensajes. Yo no se de que me está hablando –dice Gustavo.
- Usted sabe de sobra a quién manda mensajes. No se lo voy a decir que hay gente escuchando que no le importa para nada esto.
- No, no, dilo, a quién, a quién.
- Dígame que le debo caballero –me dice.
- Un euro –le contesto.
- No, cóbreme también el botellín del individuo este.
- Pues dos euros.
Pone dos euros en la barra, se acerca a Gustavo apuntándole con el dedo y le advierte por última vez que no mande mensajes porque va a tener problemas.
- ¿Me estás amenazando? –dice Gustavo.
- Sí, te estoy amenazando, sí. No vuelvas a mandar mensajes!
Dice hasta luego y sale del bar. Gustavo coge el móvil y vuelve a llamar a su “amigo” para contarle lo que ha pasado. Cuando acaba le dice a A, el otro cliente que estaba en el bar.
- Tienes ahí el taxi A?
A se me queda mirando como diciendo “joder la que me espera” y yo le miro como diciendo “anda llévatelo de aquí macho”.
- Sí, ahí lo tengo –le dice.
- Pues bájame a la Guardia Civil, que no lo voy a denunciar pero les voy a contar lo que ha pasado.
Los dos se van y yo me quedo pensando qué le va a importar a la Guardia Civil lo que les cuente si no lo denuncia. Pero bueno, él sabrá.


Probablemente continuara…

1 Comments:

Blogger Pablo Díaz said...

OMG!! esto es carne de best seller.
Ojalá amanezca el dia en que leamos que Gustavo está tetraplejico tras una paliza, y que como nadie le quiere se quede solo en casa sin poder moverse hasta que se seque y muera.

20/2/06 23:28

 

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