Con mi mano derecha

miércoles, mayo 24, 2006

Mensajitos (epílogo)

Hola. Si, soy yo. El mismo que sufrió y escribió las anteriores historias. El mismo que os aconseja que las leáis antes de leer ésta, por lo menos, la titulada "Mensajitos". Y es que, después de más de tres meses de haber compartido mi última "aventura" regreso de los olvidados para intentar poneros al día.

Comenzaremos por el porqué de mi ausencia. Aunque no lo creáis, llega un momento en el cual todo individuo debe abandonar su nido, con esto no digo que me haya ido de casa, no, pero me he ido del bar (oooooooohhh...). Sí, así es. Debido al haberme interesado por aprender algo en esta vida, mis 22 años de constante estudio han desembocado en un trabajo obligado, limitado, sin opciones claras de futuro, a dos horas de camino y no remunerado. Viva la educación española!! Éste es el motivo de mi cese como camarero. Pero miento, aun mantengo un vinculo con mi querida barra; los Domingos sigo acudiendo. Pero ya no es lo mismo.

Os preguntareis que ha sido de Gustavo y compañía. Pues bien, no lo sé. Para qué engañaros. En los dos meses de mi ausencia no le he visto (quizá este muerto, quizá no). De vez en cuando le pregunto a mi hermano, que es, digamos, mi sustituto. Y de vez en cuando me pregunta también él y me cuenta cada situación con los clientes, haciéndome recordarla cómo me sucedió a mí en tantas ocasiones. A continuación explicaré lo que sé sobre "los mensajitos" a partir del punto donde lo dejamos, pues aun estuve un mes más trabajando allí.

La historia anterior concluyó con Gustavo a punto de ser agredido por B y acompañado por un taxista a la Guardia Civil para contarlo. Pues si, simplemente lo contó, no denunció ni nada por el estilo y la Guardia Civil, evidentemente, dijo que si no denunciaba ellos no podían hacer nada.

Al día siguiente, por la tarde, un cliente que conocía la historia a la perfección (pues había vivido en directo el momento Gustavo camarero me dijo que esa misma noche le había vuelto a mandar otro mensaje. Uf, yo no daba crédito a sus palabras. Se la está jugando, dije. Al cabo de dos días Gustavo apareció, lo cierto es que ya estaba cuando yo llegué. Estaba animado, alcoholizado y jugando al mus con otras personas que, claro está, no le conocían. Y cuando me vio empezó a contarles cómo le defendí, lo bien que me había portado con él y lo gran persona que era yo. En esto, llegó Q, acompañado por un amigo, y sin hacer caso de la presencia de Gustavo pero dándose cuenta de ella, me pidieron dos botellines. Así los minutos iban transcurriendo más tranquilamente de lo que yo esperaba, sinceramente. Hasta que Gustavo, que también se había percatado de la presencia de Q, con un arrebato de valentía provocada por el alcohol se acercó hasta Q y le extendió la mano. Q le miro y le dijo "vete de aquí, que nadie te ha llamado". Gustavo le dio dos palmaditas afectuosas en el hombro y volvió a la partida. Q me pidió otros dos botellines y se los puse con una sonrisa de complicidad. Él, también sonriendo, me dijo en tono bajo: "no te rías Mariano, si esto es así, te has enterado de lo que ha pasado no? pues a mí que no me venga con gilipolleces. Que está loco, y con un loco no se puede tratar. Pero vamos, yo ya no me preocupo, le van a dar un palo, ya esta todo arreglado. Ya verás...". Cuando se fue Q, Gustavo me llamó y me dijo que si podía salir a la puerta a hablar un momento con él, le miré con cara de poco interés y salí. Hasta entonces siempre había hablado con él a través de la barra y no sabía lo que me esperaba. ¿Sabéis ese tipo de personas que cuando te hablan parece que te vallan a besar? DIOS! ODIO QUE ALGUIEN ACERQUE SU CARA A LA MÍA A UN PUTO PALMO PARA DECIR GILIPOLLECES. Pues ahí me tuvo, arrinconado, contra la pared, sin escapatoria y con la cabeza girada para evitar tragar su aliento mientras pronunciaba la siguiente ristra de memeces: "Qué te iba a decir yo Mariano, que... que cómo es que tardaste tanto en reaccionar el otro día... cuando vino el B amenazándome..." Dijo más estupideces pero eso fue lo que a mi se me quedó en la mente durante unos segundos de sopor, en los cuales, incluso se me olvidó que respiraba su mismo aire. Mi respuesta fue lo más clara que pude: "No te equivoques Gustavo, que yo lo único que hice fue decirle que se calmara, porque en este bar no se pega nadie. Ahora, que si él huebiera querido sacarte afuera y liaros a ostias, te aseguro que yo no pesaba mover ni un dedo. ¿Tú te crees que a mí me importan tus líos? Bastantes problemas tengo yo para encima encargarme de los de los tuyos". Seguidamente me fui a la barra mientras me decía que no me enfadase. Yo le dije que no me enfadaba, pero que no se montara películas.

Desde ese día creo que no he vuelto a ver a Gustavo, pero no os alarméis, no está muerto, ni herido. Mi hermano le ve de vez en cuando y me cuenta que siempre que va le pregunta por mi (la madre que lo parió...). Según me dice, me sigue teniendo como un dios... y si os digo la verdad, no entiendo por qué. Pero en el fondo me da pena, y me avergüenzo de escribir estas líneas porque él de verdad me aprecia. Pero es que, joder, necesito desahogarme.

Y es que en el fondo, las historias aquí contadas no han sido más que un desahogo, y digo "han sido" porque probablemente no vuelva a escribir ninguna más debido a que ya no tengo tanta relación con los clientes. Excepto una que me queda en la recámara, que pasó ya hace mucho y quizá la comparta, pero no estoy seguro de ello.

Se despide de vosotros un camarero corriente, de un bar de barrio, en un pequeño y recóndito lugar del mundo, con una jornada de 4 ó 5 horas, y hasta los cojones de la gente.

Hasta pronto.

lunes, febrero 20, 2006

Mensajitos

15:00 horas. Llego a casa después de una dura mañana de clase. Llego a las tres porque he llevado el coche, cosa que normalmente no sucede y aparezco a comer sobre las cuatro. Con un poco de suerte hasta me da tiempo a una siestecita de media hora. Estoy cansado y hambriento. Creo que gracias al hambre aguanto en pie, pues dicen que el sueño y el hambre nunca se dan al mismo tiempo. Cosas de las neuronas digo yo… El caso es que si tuviese sueño podría desplomarme en cualquier momento, ya que apenas había dormido cuatro horas la noche anterior. Pero bueno eso es otra historia que no nos acontece ahora. Bajo del coche y llamo al timbre. Me abre mi hermano y según voy a entrar me dice: “Tú, bájame a la estación” (cojonudo, pienso, mi supersiesta se va a reducir a 15 minutos).

A la vuelta de RENFE decido pasar por el bar a por un bote de Cocoacola para tomármelo comiendo y de paso ingerir algo de cafeína. Cuando entro por la puerta saludo y sin mirar a nadie voy directo al almacén, abro la cámara y cojo un par de latas bien frías. Luego me dirijo a la barra, saludo al jefe y le digo a lo que he venido. De pronto por el rabillo del ojo veo una silueta que se alza y me golpea la espalda.
- Hombre Mariano!!! Que passssssssaaaa tiooooo!! Contigo quería yo hablar.
- Buenas Gustavo –digo-. Me voy que tengo que comer.
- Ah vale vale. Bueno luego vengo a verte.
- Hasta luego.
Me voy pensando en la tarde que me espera y en si tendré manchada la cazadora… (prefiero no pensar lo que toca ese con las manos).

Termino de comer a las cuatro y cuarto. Mira al final me queda media horita de siesta. Pongo el despertador a las cinco menos diez y me tumbo en la cama. Cuando suena estoy peor que cuando lo puse. Me levanto medio atontado mientras me arrepiento de haberme dormido. Estos cortos espacios de sueño no pueden ser buenos para la salud.

Cuando llego al bar observo con los ojos hinchados el panorama. Unos cuantos clientes de buena fe, un borracho y Gustavo. Saludo y todos me contestan. El borracho se gira y veo que es un antiguo cliente, hacía tiempo que no le veía.
- Que pasa Mariano!!! Valla horas de hacer el relevo!!! –dice.
Le miro seriamente y el gañan me sonríe. Muevo la cabeza afirmativamente con un gesto de desdén y me voy al almacén a dejar la cazadora. Cuando entro en la barra el jefe me saluda y me dice en voz baja:
- ¿Sabes que he tenido movida esta mañana? Ha estado el Q y casi le sacude al Gustavo.
- ¿Y eso?
- Pues porque el Gustavo dice que le debe dinero, de tres décimos que le cambió en Navidad. Y el otro dice que se los regaló. Y ahora el Gustavo no para de mandarle mensajes al móvil llamándole ladrón y cornudo. El otro día a las tres y las cuatro de la mañana le mandó mensajes a su mujer diciéndole que Q estaba por ahí de putas.
- ¿Si?
- Ya ves, hoy cuando ha entrado el Q y le ha visto le ha dicho ven maricona que tengo que hablar contigo. Y se ha ido a por él, le ha cogido del pescuezo y le ha dicho: “como me vuelvas a mandar un mensaje más te mato”.
- Jooooder…
- Si se me ha metido aquí en la barra huyendo del otro. Le he dicho que se salga que aquí no podía estar y no quería. Hasta que le dicho a Q que se calmase. Luego me ha pedido perdón por montar el jaleo.
- Joder que le saque a la calle y haga lo que quiera –digo.
- Ahora me ha estado contando todo el Gustavo. Yo ya le he dicho “no se si será verdad que te debe o no te debe dinero pero olvídate y no le mandes más mensajes porque te va a matar”.
- Y ya ves que si lo mata –digo- si es que el Gustavo está subnormal.

Finalmente me quedo al cargo, con Gustavo y otro cliente, y el jefe se va. Gustavo me pregunta que si le he copiado unas películas que me pidió en noviembre. Le digo que no, que no he tenido tiempo. Luego empieza a contarme por encima lo que le había pasado (su versión claro, lo de los mensajes ni lo nombra). Para variar no vocaliza muy bien y, a causa del alcohol imagino, no es capad de acabar las frases. En un momento dado llega a decirme: “que te iba a decir, que ha venido Q y no se que no se cuantos que me ha amenazado”. Yo le miro fijamente, aparentando mostrar toda la atención del mundo y a punto de reírme. En esto le suena el móvil, a la vez que entran un par de chavales, piden dos cafés y se ponen a jugar a la máquina tragaperras.
- ¿Si? –dice Gustavo, en un elevado tono de voz.
Todos le miramos. Y tras un momento de silencio dejamos de prestarle atención.
- NO NO NO NO!!! –dice gritando, le miro y me mira haciendo aspavientos con la mano, como si fuese algo muy importante y quisiera dármelo a entender.
- Tú no te metas!!! Tú no eres quién para darme órdenes!!!!!! Que ahora no estoy de servicio!!! Ah si? Y que vas ha hacer!!! Oye! Oye!!! Oye?! –grita y los clientes le miran como a un majara (vamos, como lo que es).
Guarda el teléfono y me dice:
- ¿Sabes quién era?
(Como coño lo voy a saber…) Me quedo mirándole, esperando a que me lo diga pero al parecer está esperando a que yo pregunte – ¿quién?- Y tras un incómodo silencio digo.
- No.
- Era mi superior! Mi jefe del trabajo! Amenazándome con que no mande mensajes al que tu ya sabes!
Seguidamente coge el teléfono otra vez y se pone a llamar a alguien. Por la conversación tiene pinta de ser un ¿amigo? Suyo. Pero cuando le dice el nombre del que le ha llamado, el B, llego a la conclusión de que seguramente sea un compañero del trabajo. Tras un largo rato hablando con él y contándole toda la historia cuelga el teléfono y retoma la conversación conmigo.
- Pues mañana me voy al médico. A que me de la baja. Vamos yo a trabajar no voy. Si, para que me expediente. No se lo cree ni él. Ya hablaré con el director, pero a ver ese que se cree.
- Pero que tiene que ver tu jefe en todo esto? –le digo.
- Pues nada, el Q le ha llamado seguro y le habrá dicho que me amenace para que le deje en paz y que no le mande más mensajes.
- Encima el B, que es el peor de todos los supervisores que tengo.

Después de unos 10 minutos en silencio y con la vista perdida como pensativo mirando hacia la calle veo que se sobresalta y su color de piel empieza a palidecer.
- Ya vienen, los que me han amenazado!! Vienen para acá! Ya veras… -dice esto mientras le tiemblan los labios y con la piel totalmete blanca.
Los otros tres clientes del bar miran hacia la calle, como pensando “valla, si decía la verdad, que no está loco”.
- Mariano, voy al baño, dile que estoy en el baño que ahora salgo –me dice mientras pienso (joder si que se está cagando, si).
Pero según va hacia el servicio entra por la puerta el B, con una actitud un tanto agresiva, y dice.
- Eh! Eh! Eh! Ven aquí.
- Un momento, un momento! Voy al servicio –contesta Gustavo.
- Que vengas aquí te he dicho!!
Todos observábamos la escena con atención y B al darse cuenta dice.
- Bueno venga ves ves!!
- No no, es igual, a ver, a que has venido –dice Gustavo
- Que vallas!
Finalmente Gustavo se mete en el baño y B se acerca a la barra y me mira seriamente.
- Que esta pasando aquí –me dice, como pidiendome explicaciones.
- Ah, no se, dímelo tú –le contesto.
- ¿Usted sabe quién soy yo?
- No –digo, y en verdad, no le había visto en mi vida.
- Yo soy el jefe de ese señor que esta en el servicio. Bueno de ese señor, de ese loco.
Él desvía su mirada y observa el bar. Yo me quedo en el sitio mirándole fijamente y tras unos instantes me vuelve a mirar.
- Ah perdona. Ponme un poleo por favor.
Voy a la cafetera y según se lo pongo sale Gustavo del baño. Y comienza la disputa.
- Solo te lo voy a decir una vez. No vuelvas a mandar más mensajes! –dice B.
- Usted no es quién para decirme nada. Que yo estoy en mi tiempo libre, que no estamos en el trabajo. Bueno usted no, tú! Que ahora no tengo porque llamarle de usted. Tú no eres quien para decirme nada.
- Tú a mi me llamas de usted aquí, en el trabajo y donde sea –contesta B- pero que se cree. Deje de molestar a la gente o va a tener problemas!
- ¿Me estás amenazando? –dice Gustavo, quién todavía seguía blanco.
- ¿Cómo que si te estoy amenazando? Te estoy diciendo que no vuelvas a mandar un mensaje más! Pero a usted que le pasa! Está usted mal de la cabeza, vallase a su casa con el mono.
- ¿Con qué? –pregunta Gustavo.
- Con el mono que tiene, o la mona o lo que…
- O con su hija bonita –dice Gustavo cortándole.
- ¿Qué has dicho?
Ahora el que se estaba empezando a poner blanco era B y ninguno de los que allí estábamos dábamos crédito a lo que estábamos oyendo.
- Eh… que la barra es bonita –dice Gustavo (y os juro que dice eso).
- Que qué has dicho!!!?? –pregunta B como si no hubiera oído la respuesta de Gustavo al mismo tiempo que levanta el brazo con el puño cerrado y temblándole de la fuerza.
Gustavo no dice nada.
- Quítate las gafas –le dice B- quítate las gafas.
En ese momento salgo de la barra hacia él y los demás clientes se acercan también para sujetarle. Le digo que se calme, que si se va a poner así que se valla a la calle. Después de unos momentos baja el puño y me dice vale. Me pide perdón y me meto en la barra de nuevo.
- Ya nos veremos –le dice B a Gustavo.
- Sí, como que se piensa que voy a ir a trabajar, para que me expediente. Lo lleva claro –le contesta Gustavo.
- Usted sabrá lo que hace. Pero no se lo digo mas veces. NO VUELVA A MANDAR MENSAJES!!
- Pero a ver, ¿a quién he mandado yo mensajes? Dígamelo, a quién.
- Cómo que a quién.
- Si, a quien mando yo mensajes. Yo no se de que me está hablando –dice Gustavo.
- Usted sabe de sobra a quién manda mensajes. No se lo voy a decir que hay gente escuchando que no le importa para nada esto.
- No, no, dilo, a quién, a quién.
- Dígame que le debo caballero –me dice.
- Un euro –le contesto.
- No, cóbreme también el botellín del individuo este.
- Pues dos euros.
Pone dos euros en la barra, se acerca a Gustavo apuntándole con el dedo y le advierte por última vez que no mande mensajes porque va a tener problemas.
- ¿Me estás amenazando? –dice Gustavo.
- Sí, te estoy amenazando, sí. No vuelvas a mandar mensajes!
Dice hasta luego y sale del bar. Gustavo coge el móvil y vuelve a llamar a su “amigo” para contarle lo que ha pasado. Cuando acaba le dice a A, el otro cliente que estaba en el bar.
- Tienes ahí el taxi A?
A se me queda mirando como diciendo “joder la que me espera” y yo le miro como diciendo “anda llévatelo de aquí macho”.
- Sí, ahí lo tengo –le dice.
- Pues bájame a la Guardia Civil, que no lo voy a denunciar pero les voy a contar lo que ha pasado.
Los dos se van y yo me quedo pensando qué le va a importar a la Guardia Civil lo que les cuente si no lo denuncia. Pero bueno, él sabrá.


Probablemente continuara…

miércoles, febrero 01, 2006

Qué angelitos!

Como prometí hace unos días, ya va siendo hora de hablar de los niños. En concreto, de los niños en un bar. Y digo niños, por no decir demonios. Y mira que a mi me caen bien los críos... (Por lo general).

Son las 20:00 horas y miro el reloj de Fanta de la pared del bar, deseando que pase rápido la hora y pico que me queda de jornada de curro. Hoy es un gran día porque juega el Barça, y tengo ganas de llegar a casa para disfrutar del partido a gusto. Pero todavía me queda un buen rato de intenso sufrimiento...

Además de otra gente, hay una pareja de heterosexuales (con los tiempos que corren todo hay que decirlo) en la barra (dos buenos clientes, solo beben cubatas) tomando unos JB con cola. El hombre coge unas monedas sueltas de su bolsillo y se va a jugar a la máquina tragaperras, quedando la mujer sola en la barra con cara de aburrimiento. Mas o menos la misma cara que la mía. Los dos mirábamos la tele, no se si prestándola mucha atención, pero la mirábamos. Están poniendo Gente (casi que lo pongo por ver a la presentadora... mmmm... Sonia Ferrer...). De pronto un reportaje nos sobresalta. ¿Sabíais que en una peluquería de no se dónde en vez de cortarte el pelo te lo queman? Pues si, hay en algún sitio que hacen eso y la mujer y yo empezamos a comentar entre risas quién está más pirao, si el peluquero o los clientes... Entre tanto la conversación se desvía y me empieza a contar que si su hijo ha aprobado las oposiciones pa poli, que si hoy ha empezado en la academia que si blabla.

En esto entra otra pareja, amigos de la de los cubatas, y acompañada por sus dos hijos (de unos 8 o 9 años) para variar. Cuando entran y se ven se saludan y se felicitan el año (a estas alturas... a lo mejor era el 2007). Los niños no saludan, pero observan a su alrededor. En un abrir y cerrar de ojos uno de ellos comienza la acción. Se va corriendo hacia la nevera de helados y apoyándose en el termómetro inferior se sube a lo alto y se tumba. Por si alguien no lo sabe, estas neveras (o arcones) se componen de dos tapas que se deslizan hacia adelante y atrás para abrir y cerrarlas. Pues el angelito se agarra al borde del arcón y se pone a deslizarse, como si estuviera en una colchoneta en plena piscina. Yo desde la barra observo acojonado, "dios mío... pero si acaban de entrar!! Si ni siquiera han pedido de beber!! Como cogen confianza de esa manera!!!" Su hermano mientras tanto le mira desde abajo cantando en elevado tono "japiii berdeii tuuuu yuuuuuuu, ta ta taaa taaaaaa taaaaaaaaaaa taaaaaaa". Los padres me piden dos botellines (y encima querréis aperitivo... cabrones, pienso mientras se los pongo). Los críos se sientan en una mesa y se ponen a dar golpes con una botella que traían ellos. La madre grita "Manuel!!" pero su llamada de atención se la suda a los bandidos, y ella como lo sabe, los olvida y se pone a hablar con la otra mujer.

Mientras tanto en la máquina tragaperras se concentran los dos varones. El recién llegado y padre de los chiquillos esta de perfil y lleva un chándal del Real Madrid del año 1996 y lo luce con orgullo de manera ajustada, resaltando su barriga y su culo espléndidamente. Desde mi posición la figura parece una Z redondeada (del madrid tenías que ser...). De nuevo contemplo a los dos bichos (a los pequeños) y me sorprendo al ver que se han levantado y la nevera está fuera de su sitio y ambos intentando volver a colocarla. O eso parecía. Finalmente lo consiguen y vuelven a surfear con su colchoneta. Tras un par de minutos y atender a unos clientes me encuentro de nuevo observándolos. O intentando observarles, pues ya se han cansado de la nevera y ahora toca un nuevo juego: el escondite. Solo consigo localizar a uno, que se mueve por el bar despistado produciendo sonidos guturales y de pronto se oye un grito apagado: "Manuel!!! Manuel!! Ya estoy en el baño de las chicas!!!!!" (Por mi te puedes quedar ahí toda la vida). Ya nada me sorprendía. Otros tres hombres entran en el bar y me piden unas copas. Joder, se me ha acabado el DYC. Salgo a por una silla para subirme y coger una nueva botella de las de encima de la barra (a ver cuando compra el jefe un brazo extensible...). Una vez puestas las copas cojo la silla y salgo a colocarla en su sitio. Los demonios han salido del baño y se encuentra uno corriendo y el otro detrás amarrándole de la camiseta y ambos chillando. Con el bullicio del bar nadie le daba demasiada importancia, ni siquiera sus padres, que se limitaban a decir "chsss" de manera crónica. En mi regreso de colocar la silla, a medio camino entre la barra y las mesas los dos enanos se cruzan y se tiran o se caen al suelo justo delante mía. Me paro en seco y levanto la pierna derecha. En un instante pienso si alargar la pierna hacia adelante o dejarla caer sobre una cabeza que me miraba asustada desde abajo. Fue difícil pero me decido por la primera opción y vuelvo a la barra.

Tras unos minutos el jefe entra por la puerta.

Me encuentro cobrando a los del DYC cuando oigo una vocecita asustada que dice: "me dejas un boli?" Giro la cabeza y encuentro cuatro ojos que asoman por encima de la barra. Me quedo unos segundos mirando con cara de tonto, sin saber que decir hasta que reacciono. "¿Qué? (yo les había oído pero no me lo podía creer). Uno de ellos vuelve a decir "¿me dejas un boli?". Le contesto que si seriamente. Voy a la caja, cobro las copas y les doy un boli. Y los contemplo como se sientan en una mesa con el boli y unas servilletas... (Ahora que me voy os vais a empezar a portar decentemente cabrones...)

Cojo la cazadora y salgo del bar mientras pienso: "que se le va a hacer, son críos..."

martes, enero 24, 2006

Nos gusta el fútbol

Buenas. Otro día más. Otra tarde en el bar. Otra de mis reflexiones. Otros clientes...

Por si alguien no se ha dado cuenta todavía, ántes que la política, inmigración, matrimonio gay, ley antitabaco, paro, delincuencia y putas; el tema más hablado en un bar es sin duda alguna el fútbol. Nunca se pasa de moda. Y como en casi todas las modas, la gente quiere formar parte de ella. Ésta historia que os cuento hoy no es muy extensa, pero en el momento de vivirla, me pareció de lo mas intensa y simpática. Por eso quiero compartirla. Ántes de nada, quiero decir que cada frase, cada comentario y cada reflexión de la pareja de clientes que conoceréis a continuación es completamente verídica y citada textualmente. Porque ya me encargué yo de cojer un boligrafo y apuntarlas en cuanto oí la segunda.

Son las 19:10 horas minuto más, minuto menos. A mí como a mucha mas gente, me gusta el futbol. Tengo puesta la televisión en el canal EuroSport, pues es el único lugar donde retransmiten la Copa de África de Naciones y hace diez minutos, minuto más minuto menos, ha comenzado el partido Egipto - Marruecos. Dos clientes entran en el bar.
- Hola, ponnos dos botellines -dice el primero, y sin parar va directo al baño.
Cuando sale los dos botellines ya están servidos con sus respectivos aperitivos. Los dos comienzan a hablar durante unos minutos hasta que el primero me dice:
- Mañana juega el futbol no? el Madrid.
- Sí, creo que sí -contesto, recordando que mañana hay Copa del Rey y el Betis visita el Bernabeu.
- Lo echan por la televisión? -me pregunta el segundo.
Por la televisión seguro que lo echan, pero imagino que se refiere a si hay que pagar para verlo.
- Que va, es de pago -digo.
- Y lo vais a poner?
- Pues no se, imagino que sí. A no ser que sea muy tarde.
- Mira en el periódico, ahi vendrá a que hora es -le dice el primero al segundo.
El hombre coje el periódico y observa un instante la portada.
- No se, no viene nada.
Yo casi que hubiera abierto el periodico, aun que no me apeteciese buscarlo (que seguro que era eso lo que le pasaba) pero por lo menos mostrar un poco de interes.
- A mí es que el futbol no me... -dice el primero- hombre... si es un buen partido si me gusta verlo.
- No! mañana si que hay buen partido -le contesta el segundo- el Ársenal es un equipazo.
¡¡¡¡¡¡¡El Arsenal??!! me digo a mi mismo, si queda un mes para ese partido...
- Bueno, mañana mirare en el As a que hora es.
Tras un momento de silencio el primero mira la tele y dice.
- Ummm los rojos contra los verdes...
Bravo, pienso, acabas de demostrar que no eres daltónico, que bien los diferencias... y eso que casi todos son negros :D.
- Ah, esta es la copa esa de Sudafrica -dice el segundo sacando pecho.
Claro que si, el continente Sudafrica y todas sus naciones, entre las que están Egipto y Marruecos, a ver quien no conoce ese torneo. Ignoro si es ignorancia o pocas ganas de pensar. Pero hay momentos en los que es mejor no abrir la boca.

Desde aquí invito a todo el mundo a no hablar. Me asombra cada día contemplar escenas como estas, escuchar jartadas de tonterías que no me explico como caben en una boca. No solo de futbol, si no de lo primero que salga, de lo que esté de moda. Y yo, en esos momentos, me averguenzo de mi propia raza...

sábado, enero 14, 2006

Ley antitabaco

LA LEY DEL TABACO Y LA HOSTELERÍA
El 1 de enero de 2006 entra en vigor la Ley 28/2005, de 26 de diciembre, de medidas sanitarias frente al tabaquismo y reguladora de la venta, el suministro, el consumo y la publicidad de los productos del tabaco (B.O.E: del 27), que establece una serie de medidas dirigidas a bares, restaurantes y locales de ocio:
  • Los locales de menos de 100 m2 deberán indicar la opción elegida en los accesos al establecimiento y en toda su publicidad. La entrada de menores a estos locales está permitida en las mismas condiciones que hasta ahora. (Punto nº2 de la ley)
En estos días que van de año he podido comprobar en muchas ocasiones la cantidad de gente que "conoce" la ley antitabaco y como ha afectado en sus vidas. Ahora ya no se dan los buenos días al entrar a un bar, no, ahora se dice: ¿aquí se puede fumar?
Maldito subnormal, si fueses tan tonto como yo pensaba, habrias intentado cruzar la puerta sin abrirla y te habrias dejado los dientes en un cartel que dice bien clarito: SE PERMITE FUMAR. Lo impresionante es que cuando les dices que si, se rien. A ver, dónde está la gracia gilipollas. Luego te dicen: joder, es que con la ley esta ya no te puedes ni fumar un cigarrito con el café en ningun lao.
Pues aqui si que se puede, aquí y en el 90% de los bares, gañán.
Imagino que con el tiempo todo volverá a la normalidad, pero desupues de dos semanas con la nueva norma, la gente lo sigue preguntando. Ha habido algún cliente que incluso me lo ha preguntado más de una vez (no vaya a ser que un día se pueda y otro día no), pero bueno, tiene que haber de todo en el mundo. Alomejor hay más analfabetos de lo que pensamos y el 95% de la gente no sabe leer. Si es así yo encantado de contestarles, pero solo una vez por favor.
De todas formas, a parte de que se pueda o no fumar, la mayor polémica viene en cuanto a la entrada de menores en los bares de fumadores.
Hace unos días entró una pareja al bar con sus dos crios (a los que odio, ummm otro día tengo que hablar de los niños), había mas gente en el bar y nadie dijo nada (o todos conocen la ley o les suda la polla, o ambas cosas). Pero en ese momento entra por la puerta el listo del barrio (uno de tantos) y esque siempre hay un listo.
- Hola, que hay -le digo.
Y su contestación no es para nada la que yo esperaba (¿aquí se puede fumar?), que va, es mucho mejor.
- Aquí no pueden estar niños -me dice muy serio.
- Si, si pueden.
- No no, en los sitios de fumadores no pueden entrar los menores de 18 años, está prohibido desde el uno de enero -dice todo orgulloso de conocer la ley como la palma de su mano.
- Que va, si pueden -le contesto. Mi sangre está empezando a hervir y mi rostro cambia la cara apacible y amable que tenia antes por una de furia e impotencia, sin que yo pueda hacer nada. Impotencia porque de estár al otro lado de la barra le hubiera dicho cuatro cosas, pero en un bar tienes que guardar las formas, ya sabeis, el cliente siempre lleva la razón. Habría que quemar al que dijo eso.
- Bueno bueno, tu sabrás pero no se puede.
Los padres de los putos niños me preguntan qué se debe, me pagan y se van. Ellos no quieren entrar en la conversación. Posiblemente porque conocen la ley tan bien como el gañan que acababa de entrar y piensan que es verdad que los niños no pueden estar. Nada mas irse el listo vuelve a la carga.
- Macho, que te pueden meter un paquete por tener niños aquí -me dice
- Que no, que en los bares pequeños si pueden estar, donde no pueden es en las zonas de fumadores de los bares grandes -le explico-, que ayer me leí la ley.
- No se eh, yo te lo digo porque ayer estube hablando con una persona dos horas del tema y creo que lo conozco bien -me contesta.(Tú que vas a conocer bien la ley inutil, ni tu ni el otro con el que estuvieses hablando).
- Pues creo que estas equivocado -le digo.
Y en este momento uno de los clientes que está escuchando dice:
- Lleva razon, según tengo entendido en los bares de fumadores no pueden entrar niños -me dice, introduciendose en la conversación. (no tendrás nada mejor que hacer que meterte donde no te llaman... pardillo).
Nada mas de decir eso el segundo gañan, los otros dos que están en el bar y que tambien escuchan la conversación muestran su apoyo.
- Si si, creo que no se puede, lo llevan diciendo ya un tiempo (dime quien lo lleva diciendo, tu madre?).
- Hombre no creo que pase nada pero en teoria está prohibido -dice otro.
Me dan ganas de matalos. Comprendo ahora que sí, "conocen" la ley y además se la suda. Tras unos intentos de convencerlos con mis palabras y ver que no llegan a entenderlas (alomejor es que no me expreso bien) me doy la vuelta y abro un cajon, donde tengo una copia de la ley de tabaco y hostelería (a ver si con un poco de suerte éstos pertenecen al 5% de gente no analfabeta y saben leer). Tras un rato buscando, la jauria de perros se había calmado y ya llevaban 30 segundos sin hablar del tema. Saco la ley y se la doy al gañán numero uno.
- Mira, leete el punto dos -le digo, y además se lo indico con la mano.
El resto de listos se acercan. No creo que todos su piesen leer, alomejor pensaban que había fotos. Pero para mi sorpresa uno de los que se acerca acaba primero mientras los demás siguen mirando la hoja (no es muy largo lo que hay que entender, creo que intentan buscar fotos).
- Pues según pone ahi, es verdad. Si pueden entrar -dice sin dejar de mirar la hoja.
Increible, pienso, él solito. Yo no digo nada esperando a ver que dicen los demás. Al rato se separan y dice otro:
- Pues si lo pone ahí sera verdad.
Me tengo que contener de no decir, SI ESQUE SOIS MU TONTOS!!!!!!, pero no era pa menos. Y que gran sorpresa me llevo al oir decir al que empezó todo:
- Tú estas seguro de que esto está bien?
- Hombre, es una copia del B.O.E. -le contesto, intentando no poner un tono, que me salía solo, demasiado sarcástico.
- No se, yo que tú me aseguraría.
Le quito la hoja de la mano y la guardo sin decir nada.
Hasta aquí fue la cosa. Ahora yo pido, por favor, que alguien me diga un sitio más fiable que el Boletin Oficial del Estado donde poder informarme. O en su defecto, alguien que limpie el mundo de tanta escoria que no es capad de reconocer que estaba equivocada.
Si la gente fuese un poquito más humilde... cuanto ganaríamos.

jueves, enero 05, 2006

Menuda nochevieja

La primera historia de éste rincón, será, sin ir mas lejos, de ésta misma tarde. Pero antes de empezar, es conveniente que os hable un poco de su protagonista.
El individuo en cuestión se llama Gustavo y maldigo el día que apareció por el bar. Cómo os diría yo, ¿recordáis la película La cena de los idiotas? Pues Gustavo sería el candidato perfecto. No porque lance boomerangs ni nada parecido, sino por todo él.
Aparentemente es un tío normal, joven, unos 30, emancipado, soltero (no me extraña), pero en cuanto cruzas una palabra con él te das cuenta que vas a tener un "amigo" para toda la vida. Sencillamente porque él se pegará a ti cada vez que te vea.
En el barrio ya le conocen, y cada vez que le ven en el bar, la gente no entra y se va al bar de al lado. Y viceversa. Si lo tuviera que definir con una palabra, sería pesado. Mejor no, sería inaguantable, o cansino, o sobón, o pegajoso, o andayvetedeaquicoño. Os aseguro que no conocéis a nadie igual.
Llegado a éste punto creo que es suficiente, pues ya iréis conociendo más de él a través de las historias. Y aquí va la primera...
Eran las siete y media de la tarde, más o menos, y estaba solo en el bar. Aprovechaba ése rato para leer la prensa cuando a través del cristal veo a Gustavo que se acerca, recé durante dos segundos por que pasara de largo pero al llegar a la altura de la puerta se giró y entró. Yo no soy creyente, así que sinceramente esperaba poco de mis plegarias. Según pasa por la puerta dice con una voz arrastrada y cansina:
- Hola Mariano.
- Buenas Gustavo.- digo yo en un tono bajo y fingiendo, sin llegar a conseguir del todo, una aparente alegría.
Viene arreglado, pero arreglado de hace 3 días. Imagino que desde nochevieja no se ha cambiado. Trae la cazadora con una mancha blanca en el hombro derecho, como si se hubiera arrastrado por una pared de cal (las dimensiones de la mancha me evitan pensar que pueda ser de otra cosa), el pelo grasiento, barba de tres días, medio tambaleándose y trozos de caspa en las cejas y la cara.
Seguidamente se acerca a la barra, extiende su mano, y no me dio tiempo ni a rezar.
- Feliz año nuevo.
Es inexplicable lo que me pasa por el cuerpo cuando tengo que estrecharle la mano, que por desgracia es casi cada vez que me ve. Pero como buen tío que soy, hago un esfuerzo y sin decir nada le doy la mano. A mi me molesta la gente que te aprieta la mano que parece que te la va a partir, pero me molesta más aun los que la dejan muerta, sin hacer ni un leve movimiento. Gustavo es de los que la dejan muerta.
- A ver que me tomo... que se yo, ponme un botellín. Hoy no estoy muy bien. -me dice (él siempre toma botellines y, en mi opinión, nunca está bien).
Se lo pongo y ocurre lo último que pensaba que podía ocurrir. Se sienta y no dice nada. Está en Babia, con la mirada perdida y en silencio. Yo me pongo a colocar vasos, rehuyendo de la conversación que pensaba me esperaría. Tras cinco minutos de reloj le observo y veo como apoya su cabeza sobre los brazos y se recuesta en la barra con la mirada perdida al frente. A los pocos segundos su cabeza se gira hacia abajo mostrándome únicamente su pelo grasiento. En éste momento se oye la puerta del bar.
Entra un cliente (que yo pensaba hace tiempo que era gay, hasta que me dijeron que estaba casado) seguido de dos mujeres. Miran a Gustavo durante unos segundos y luego me miran a mi como pensando, ¿dejas a la gente dormir aquí? Les doy las buenas tardes, me piden tres cervezas y se sientan en una mesa (yo tampoco me habría quedado en la barra). Desde su sitio las dos mujeres contemplan a Gustavo y de vez en cuando me echan una mirada (como si yo fuese el culpable no te jode zorra -pienso). Lo cierto es que sabía que algo tenía que hacer, pero quién soy yo para despertar a una criaturita así de su placentero sueño. Lo que tenía claro es que no le iba a tocar. Tras unos momentos de incertidumbre y cuando los de la mesa se habían enzarzado en su conversación grito:
- GUSTAVO!!!!! -el sobresalto que le acoge es digno de ver, tanto que hasta me dan ganas de reír-. Que te estás quedando sobao macho!!! -digo con una sonrisa y echo una mirada de complicidad a la mesa. Las dos mujeres me sonríen.
- Eh... no... Mariano -dice medio tartamudeando-. Que no estoy dormido, estaba pensando, pen-san-do, que estoy pensando, no te preocupes. Tu tranquilo (tranquilidad es lo que me sobra contigo...), que no estoy dormido -me dice pausadamente con todo su empeño por intentar vocalizar bien.
- Ya te veo como piensas, anda no pienses tanto que no es bueno -digo sonriéndole.
- No, que... tu... tranquiklllsd... que... tranquilo... es que... hablo así porque estoy... que no... q es que... que llevo tres días sin dormir... y por eso hablo así... -dice.
No le digo nada y me dirijo a la cocina a picar algo, salgo rápidamente y le encuentro de nuevo con la mirada perdida y la cabeza apoyada sobre la mano, apunto de babear. Por cierto, la cerveza aun está en el lugar donde la puse y sin tocar.
- Mira si todavía tengo la cerveza entera...
- Por eso te lo digo, no pienses tanto que se te va a calentar.
Coge el botellín y le da el primer sorbo, y ahora si, en un empeño por volver de su letargo, comienza a hablarme.
- Qué te iba a decir yo, que tal la nochevieja -dice.
- Bien, no estuvo mal, por ahí con los amigos -le contesto.
- Pues yo... bueno, he pasado la mejor nochevieja de mi vida, vamos no la cambio por ninguna que valla a volver a pasar... Uf es que... la mejor de mi vida...
En ese momento pienso que me dijo que la iba a pasar solo en su casa, porque no le apetecía salir.
- ¿Saliste por ahí? -le digo.
- Una tía... bueno, increíble como me lo pasé, no te lo puedes imaginar. Vino a mi casa a cenar y a comer las uvas, con un chofer que la trajo. Es que no te puedo decir quien era, pero una tía... Y tu sabes que yo soy del Madrid. Pues sabes donde estaba Guti??
- Dónde.
- En el Buda (según tengo entendido, el Buda es un puticlub). Bueno bueno, y no sabes con quién estuve...
- Pero no dices que estabas en tu casa? -le digo, mientras pienso que está desvariando.
- Yo, en casa y no sabes quien vino. Llegó con un chofer que la trajo, a cenar y a tomarse las uvas a mi casa. Y no hubo nada de sexo eh?
En este momento pienso: este tío es gilipollas, y dice q fue la mejor nochevieja de su vida y que no la cambia por la mía... (No es que yo me hubiese artado a follar esa noche, que va a ser que no, pero vamos que valla una tía por sorpresa a tu casa, a cenar en nochevieja para no follar... pues valla mierda).
- Entonces ¿te lo pasaste bien? ¿quién era la tía? -le pregunto.
- Bueno... no no, no te lo puedo decir. A las 3 y las 4 de la mañana viniendo gente a mi casa. Que se quería tirar por la ventana.
- Qué?! -le digo. Mi rostro esta serio, pero me estoy descojonando por dentro.
- Y yo le decía no te tires, no me fastidies la nochevieja, por favor que no te tires, que me arruinas la nochevieja.
Creo que alguien le tiene que explicar qué es pasárselo bien, porque por lo que estoy oyendo, yo no estaría pasando la mejor nochevieja de mi vida. Y mira que a mi no me disgusta incluso un rollo gore en las cosas, pero joder, a tanto no llego.
- Pero vamos a ver, ¿no dices que te lo pasaste bien? -le repito.
- Vino gente para que no se tirara, con chofer. Es que no te imaginas con quien estuve...
- Era famosa o qué? -le pregunto.
- Aaaaaaaahh.
- Bueno... Eso es que era famosa.
- No, no puedo decir nada, no, lo siento.
- Yo creo que te lo estás inventando -digo, a ver si así se pica y me lo dice.
Y este comentario le afecta bastante, se pone mas serio y dice:
- Vale, ya no hablo mas, no no.
Y se queda callado un momento. Yo, para romper el hielo sigo:
- Bueno pero la tía luego se tranquilizaría no??
Pero el tío ni caso, sigue con su rollo y ya me estaba cansando.
- Que se quería tirar por la ventana, y Guti estaba en el Buda, en la nacional 6. Y que ella se quería tirar por la ventana... que yo vivo en un tercero y que abajo hay un cemento... que se mataba si se tira...
En este momento se oye la puerta y entra el jefe. Fin de mi turno. Gustavo cambia de tema y me dice que ya me viene el relevo.
-Si ya me voy -digo-. Al final no me dices quien era la tía macho, con lo bien que te lo pasaste...
-Que no que no, que no lo puedo decir...
El jefe entra en la barra y ve como una mano se extiende hacia él. Yo dejo apuntado lo que se debe y me despido.
Hasta otro día. Si me entero de quien era la tía, (que con el tiempo saldrá, os lo aseguro), aquí estará.

Bienvenidos

Hola hola hola mis queridos drugos. Después de mucho tiempo planteandome empezar un blog hoy me he decidido, entre otras cosas porque hoy de nuevo uno de mis clientes me ha encandilado con una de sus historias. Sí, uno de mis clientes y una de sus historias, porque en éste rincon personal trataré de compartir con todo el que lo desee lo que tiene que aguantar un camarero corriente, de un bar de barrio, en un pequeño y recóndito lugar del mundo, con una jornada de 4 ó 5 horas (me compadezco de quien la heche más larga), y hasta los cojones de la gente.

Ése soy yo y éstas son las historias que han pasado y pasarán en mi lugar de trabajo.